
Extinción con Gases
Los sistemas de extinción con gases son una solución aplicable a multitud de tipologías de riesgos, pero enfocadas principalmente a aquellos donde una extinción con agua representa un inconveniente en la descarga sobre el equipo o zona protegida. Salas de ordenadores o de procesos de datos, archivos, salas de cuadros eléctricos, maquinaria industrial, son algunas de las aplicaciones a las cuales se enfocan los sistemas de extinción por gas.
Son sistemas que buscan la sofocación del incendio y lo más habitual es que estén activados automáticamente por un sistema de detección asociado, y específicamente diseñado para una respuesta muy eficiente.
Dentro de los agentes extintores gaseosos que disponemos en el mercado, podemos hacer una diferenciación en grupos, como los gases inertes, los denominados agentes limpios y el dióxido de carbono. La elección del tipo de agente extintor a utilizar siempre requiere del análisis de varios factores, entre los cuales destacan el tipo de riesgo a proteger, su tamaño y situación, si es una sala o un equipo y si se trata de una zona ocupada por personas de forma habitual. Este aspecto es especialmente crítico, puesto que dentro de los mecanismos que emplean los gases para la extinción del incendio, que son el enfriamiento, reacción química ante el fuego y el desplazamiento del oxígeno, este último, en especial puede representar un riesgo para personas si la descarga se produce en presencia de las mismas.
Las normas de referencia, las normas y reglamentos técnicos que rigen el diseño, instalación y mantenimiento de los sistemas de extinción con gas, definen que en los casos en los que el sistema actúa de forma automática a través de la detección, deben existir protocolos redundantes de activación, avisos sonoros y luminosos, y retardos programados que permitan la evacuación de las personas presentes en la zona donde se va a producir la descarga del agente.
Otro factor importante para garantizar la efectividad de la extinción, en aquellos sistemas calculados para inundar totalmente la sala o zona a proteger, es la estanqueidad de la misma, que debe ser comprobada antes de la puesta en marcha del sistema, y que debe ser garantía de que la concentración del gas va a mantenerse el tiempo suficiente para extinción del incendio.
También tenemos el efecto contrario en la descarga de algunos gases, en especial de los inertes como nitrógeno y el argón o las diferentes combinaciones de ambos, ya que en casos de estancias de gran estanqueidad, se generará una sobrepresión en las salas que deberá controlarse de manera automática con compuertas de alivio de presión.
También es posible realizar extinciones con gas con aplicación local sobre equipos. No obstante, en este aspecto la solución se reduce prácticamente al empleo de dióxido de carbono (CO2). Un ejemplo típico y muy habitual es la extinción sobre transformadores eléctricos de interior.










